10 de septiembre de 2012

Alte Häuser


Alte Häuser

Alte Häuser gefallen mir,
 Generationen lebten und atmeten hier.

 Leider kann man sie nicht fragen,
 sonst müßten mir die Häuser sagen,
 wie sich die Menschen im Haus bewegten,
 was sie zu tun und zu lassen pflegten.

 Auch wie sie lebten, liebten, lachten,
 was sie redeten und zusammen bedachten.
 Ob sie immer einander gewogen,
 wie sie ihre meist zahlreichen Kinder erzogen.

 Zuviel vielleicht an die Arbeit dachten,
 oder öfter auch mal Pause machten,
 um ihr Leben zu überdenken,
 und um nach innen die Blicke zu lenken?

 Ob ihr Leben leicht verlief,
 oder ob Not vor der Türe schlief.
 Es gäbe vieles noch zu fragen.
 Das alte Haus kann es mir nicht sagen.

 Doch es ist mit Generationen vereint,
 obgleich es ohne Gesicht erscheint.
 Manchmal ist es, als atmeten sie noch hier
 und gingen lautlos von Tür zu Tür.

 Das ist jedoch nur meine Phantasie,
 ihr zu trauen, rate ich nie.

© Irmgard Adomeit, 2012


Casas viejas

Me gustan las casas viejas,
generaciones vivieron y respiraron aquí.

Por desgracia uno no pude preguntarles,
si no tendrían que decirme las casas,
como se mueven los hombres dentro de la casa,
lo que tienen que hacen y cuidar.

También como vivieron, amaron, rieron
que hablaron y juntos pensaron.
O sí siempre simpatizaron el uno con el otro,
cómo educó generalmente a sus numerosos hijos.

Quizá pensaron demasiado en el trabajo,
o hicieron otra vez una pausa,
para reflexionar sobre su vida,
y para voltear la mirada hacia dentro.


O sí su vida transcurrió liviana,
o sí la urgencia durmió en la puerta.
Todavía hay mucho que preguntar.
La casa vieja no pude decírmelo.

Sin embargo está unida a generaciones,
a pesar de aparecer sin rostro.
A veces es como si todavía respiraran aquí
y fueran en silencio de puerta en puerta.

Sin embargo es sólo mi fantasía,
confiar en ella, no lo aconsejo nunca.

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